En parque Fundidora, en Monterrey, las noches hablan…

Para nuestros abuelos, la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey les traerá muchos recuerdos, especialmente si eran del norte, o se dedicaban a la industria siderúrgica. Sin embargo, el recuerdo de esta empresa está más presente que nunca en Monterrey, gracias al parque que fue construido en donde estaba ubicada antiguamente.

El 5 de mayo de 1900 fue una fecha que marcó la vida de los habitantes de Monterrey de la época. La empresa Fundidora había abierto sus puertas, posicionándose como la primera en trabajar en el área de la siderurgia dentro de América Latina. Aunque los primeros sesenta años los dedicaron a la producción de artículos acero y fierro no planos, como las ruedas y los rieles de los ferrocarriles, pronto cambiaría todo, pues comenzarían una etapa de evolución, de 1957 a 1977, donde la tecnología les permitiría ampliar su campo de trabajo y llamar la atención de todos los empresarios del mundo, debido a su florecimiento. Pero esto no duraría mucho, pues con la década de los setenta llegarían problemas que harían cerrar la empresa.

En nuestros días, Fundidora crea una reminiscencia totalmente diferente a su significado original. Lo que antes significaba industria, hoy en día significa espacios abiertos. El lugar fue reemplazado por un parque que, a partir de 1989, comenzó a ser el proyecto destinado a la recreación de los pobladores de la capital de Nuevo León.

Si hay algo que sea más típico de Fundidora que la misma cineteca, son las bicicletas que se rentan para que los visitantes puedan recorrer el parque con mayor comodidad, o bien, ejercitarse un poco. Aunque, para ello, es más efectivo utilizar alguno de los múltiples aparatos que tienen ese propósito y que se distribuyeron por toda la extensión del parque.

No obstante, Fundidora es un lugar con mucha historia y, como tal, posee recuerdos que siguen teniendo forma en su interior. Estos recuerdos, según cuentan los veladores y los guardias nocturnos del parque, suelen materializarse cuando la luz del día se apaga. Entonces, aparecen rostros y ruidos que ninguna persona sería capaz de escuchar sin templar de pies a cabeza.

De acuerdo a las experiencias de algunos de los veladores, el parque es visitado por ciertos espíritus que corresponden a otra época. Algunos pueden ser alguna de las miles de víctimas de la pandemia de fiebre de 1918. Otros, tienen señas de haber pasado un mal momento dentro de la fábrica. Sin embargo, todos causan un terror muy profundo en quienes se encargan de vigilar el parque por las noches.

Una noche en parque Fundidora está recomendada sólo para los más valientes. Ahora bien, si te gusta el turismo paranormal, empaca tu maleta y lánzate al primer hotel Fiesta Americana que se te aparezca, de manera que no te pierdas todas las vivencias nocturnas que sólo tienen lugar en el parque. Nunca sabes a cuál de los fantasmas te encontrarás, ya sea la niña que murió con miles de quemaduras o los obreros de la fábrica que no logran salir.